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No es casualidad que en el pinar que descansa a los pies del Monte del Canuto en RUTE y rodeado de múltiples y variados BURROS protegidos por ADEBO y muy especialmente, por la persona que más los entiende, Pascual Rovira, nos encontremos con un conjunto artístico que parece surgir de la propia naturaleza, formando parte del entorno más cotidiano de esos borricos. Y no lo es, porque para MANU MOLINA (Rute, 1957) siempre ha existido una necesidad de contacto y relación íntima con el paisaje de su tierra - los olivos, el campo y los burros- y una necesidad de expresión artística que ha sabido encontrar su propia poética como medio y a la vez consecuencia de las circunstancias personales que le han tocado vivir.

Es el ejercicio físico al aire libre y un acercamiento a las Bellas Artes lo que marca los inicios de su andadura personal, primero en la fotografía analógica en blanco y negro, luego en el mundo de la digital y posteriormente en la pintura basada en el método paranoico crítico, el modo y la forma de expresar todo lo que su mente ha visto e imaginado sirviéndole a la vez de bálsamo para sus propias inquietudes.

Manu Molina crea un universo particular que se nutre de lo que existe en la calle y el artista ve. La calle, los CONTENEDORES como inspiración, no sólo de la técnica que Molina usa sino de sus soportes, de sus materiales, y de lo que en definitiva expresa a modo de reminiscencia de un Jean Michel Basquiat que él desconoce, pero al que sin duda su obra recuerda, por el mismo impacto que en los dos produce la cultura de los graffitis, la noche, las drogas, el alcohol y toda una serie de pintadas en la calle y lugares públicos, que Molina recibe como golpes mentales. Admirador de Miró, a quien Molina lee con cuerda atención, empapándose de esas ideas de la creación de un arte desde el subconsciente, del mundo infantil como el más puro y en el que según Molina se encuentra la esencia del ser humano y de unos métodos nuevos, opuestos a los tradicionales de la pintura, y a los que el catalán quería “matar, asesinar y violar”. Molina va a los contenedores y allí encuentra sus soportes. Por todo ello, en la obra de Manu Molina predominan los muñecos y monigotes infantiles, ya que cree que el ser humano no es más que eso: un monigote. Y con el irracional y espontáneo conocimiento basado en la objetivación sistemática de asociaciones delirantes, consigue crear un cosmos, si acaso divino, que le sosiega, le estimula a seguir creando y se convierte en un engullir diario de burros y no tan asnos.

Alicia Aza Campos Octubre 2007
(Documento extraído de “Arte entre Burros”)

- Biografía de Manu Molina -
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